Masía el Ferrajón (Chiva, Valencia)

Hace un par de fines de semana hicimos una escapadita a Valencia. En vez de quedarnos en Valencia capital nos quedamos en La Masía del Ferrrajón en Chiva. El lugar nos encantó, perfecto para desconectar y relajarse. Al llevar perro no tuvimos oportunidad de elegir habitación, tuvimos que alojarnos en una habitación bioclimática. La verdad es que para llevar mascota era la mejor opción. Estás más independiente, fuera de la casa, sin molestar a los demás alojados y además al salir tienes un amplio jardín para que el perro juegue sin necesidad de irte muy lejos.

Habitación Masía el Ferrrajón Chiva

El único motivo por el que nos hubiera gustado estar en una habitación dentro de la casa es porque dichas habitaciones tenían bañera hidromasaje, y eso podía haber hecho que el relax fuera más absoluto.

Además tenía una bonita piscina rodeada de naranjos con un chiringuito. Cuando hemos ido estaba cerrada pues no era época de pegarse un baño pero en verano tiene que ser estupendo pasar allí unos días de relax.

El acceso no es el más atrayente puesto que tienes que pasar por una carretera descuidada sin casi indicaciones que al ir, sobre todo de noche como llegamos nosotros, te da la impresión de que te has perdido o de que vas a acabar en un sitio peligroso. Pero viéndolo de día, te das cuenta que es precisamente eso, lo que hace que el lugar sea tan tranquilo, natural, relajante y con un paseo precioso.

Y si tienes intención de ir al circuito de Cheste el lugar se encuentra prácticamente al lado. Y la playa de Valencia está a 20 minutos escasos. Por tanto el ocio lo tienes garantizado si en vez de relax quieres movimiento.

El alojamiento incluía el desayuno y sin ser de buffet te dejaba completamente preparado para afrontar el día porque a pesar de que todos los días fue el mismo, era bastante completo con su zumo natural de las naranjas recién recogidas del árbol, café o infusión, bollo, bizcocho y tostada. Para el resto de comidas del día podías comer fuera, avisar de que querías comer allí o comprar comida puesto que disponías de nevera y microondas.

Y por último, la dueña era una mujer encantadora, muy madre, que te hacía sentir en casa. Era atenta, preocupada y siempre disponible. La verdad es que para nosotros es un sitio al que no nos importaría volver para pasar otro fin de semana tranquilo y desconectando del día a día.

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